Los alimentos pueden trufarse por los aromas volátiles contenidos en las trufas. Los alimentos grasos (aceites, mantequillas, foie, manteca de cerdo…), arroces y pastas, harinas y, seguramente, huevos se pueden trufar fácilmente. También podemos trufar bebidas alcohólicas, vinagres e incluso agua.

Para la trufa de los alimentos no es necesario que la trufa esté en contacto directo con ellos, se puede poner cerca sin tocarla, siempre separados de ellos con papel absorbente para asegurar su correcta conservación. Utilizaremos un recipiente hermético en el que depositaremos la comida junto con la trufa. Cerramos y dejamos aproximadamente 24 o 48 horas dentro del frigorífico. En el caso de los huevos, se colocan huevos con cáscara ya que su cáscara es porosa. Cuanto más tiempo lo dejemos, más aroma a trufa tomará la comida.

En el caso del tuber melanosporum, 24 horas bastarían para trufar cualquier alimento; en el caso del tuber aestivum y del tuber uncinatum serán necesarias 48 horas.

Una vez trufada la comida, seguiremos conservándola en un recipiente hermético cerrado para que no pierda el aroma tomado.

Una vez que la comida esté completamente trufada, se puede preparar como de costumbre.